
La expansión de la pesca de Illex argentinus en el arranque de 2026 abrió una escena de fuerte intensidad productiva en el sistema pesquero argentino. Entre enero y febrero, las capturas de calamar pasaron de 62.221 a 123.679 toneladas frente al mismo período del año anterior, una variación que duplicó el volumen registrado en 2025 y que, al mismo tiempo, rozó en apenas dos meses casi todo lo desembarcado durante el año pasado.
El dato adquiere espesor por su alcance territorial y operativo. La mejora se verificó en todos los puertos y también en cada uno de los segmentos de flota que participan de la pesquería. Tanto los buques de dedicación exclusiva como las embarcaciones de arrastre exhibieron un crecimiento consistente, en un contexto en el que la temporada volvió a concentrar, con intensidad inusual, una porción decisiva de su rendimiento en los meses de verano.
En la flota potera, que ya había mostrado un desempeño destacado en 2025, el avance de este año resultó especialmente significativo: en el primer bimestre ya alcanzó el 60% de todo lo capturado durante el ciclo anterior. La flota arrastrera, por su parte, avanzó todavía más en términos relativos: superó el 75% del total anual obtenido en 2025. La señal es clara: el comportamiento del recurso aceleró los tiempos biológicos y económicos de la campaña.
Detrás de ese movimiento aparece un factor central: el incremento de la abundancia. La pesca de calamar se desarrolla formalmente entre enero y agosto, aunque en los últimos años la dinámica real del recurso fue desplazando el corazón de la actividad hacia el verano. En 2026, ese patrón alcanzó una escala superior. Las concentraciones detectadas durante los primeros meses del año se ubicaron en niveles récord dentro de la serie histórica, y esa disponibilidad extraordinaria se tradujo de manera directa en el volumen de captura.
El fenómeno, además, se inscribe dentro de una mejora más amplia del cuadro extractivo. Otras especies también mostraron una evolución favorable en el mismo período. La merluza hubbsi al sur del paralelo 41 registró un incremento del 21%, mientras que la merluza hubbsi al norte de esa referencia, en la Zona Económica Exclusiva Argentina, creció un 96%. Rayas y abadejo también acompañaron ese impulso con una performance positiva. La expansión, así, dejó de ser un episodio aislado para convertirse en una señal transversal dentro de la actividad pesquera.
Ese desempeño encontró respaldo en los indicadores estadísticos generales. Según datos del INDEC correspondientes a enero de 2026, la pesca marítima exhibió un crecimiento del 53,7%, mientras que la acuicultura mostró una suba del 32%. La cadena pesquera comenzó el año con un nivel de actividad visiblemente superior al de la misma etapa del ciclo previo, consolidando un escenario de fuerte dinamismo productivo.
El impacto también quedó reflejado en la industria. El Índice de Producción Industrial Pesquero mostró en enero de 2026 una suba interanual del 49,9% en el nivel general, impulsada por el incremento del 53,7% en el componente vinculado a la pesca marítima. La magnitud del salto ya no sólo se mide en toneladas descargadas: también empuja la actividad fabril, reordena el pulso de los puertos y vuelve a colocar al calamar en el centro del mapa económico del sector.
Nada en esta secuencia responde al azar. Cuando convergen administración biológica rigurosa, coordinación institucional eficaz, mercado internacional en máxima tensión de demanda y una estructura humana capaz de sostener un esfuerzo extremo, el caladero argentino vuelve a ocupar el centro de la escena global.
En la base de ese resultado aparece el trabajo científico sostenido sobre la especie, con un nivel de conocimiento técnico de alta precisión desarrollado por el Departamento de Cefalópodos. Esa arquitectura de seguimiento, evaluación y lectura biológica del recurso permitió ordenar la pesquería sobre bases sólidas, con criterio de sostenibilidad y capacidad de respuesta frente a un escenario de abundancia excepcional.
A ese componente se sumó una administración corporativa de notable eficacia entre el Consejo Federal Pesquero y la Cámara de Armadores Poteros Argentinos. En ese esquema, CAPA sostuvo una intervención activa que excedió los compromisos laborales y se proyectó sobre la búsqueda de las mejores condiciones operativas para el sector, dentro de un marco de compromiso irrestricto con la sustentabilidad del recurso. En esa línea se inscribe la conducción de Juan Manuel Redini y la tarea ejecutiva de Dario Sócrate, orientadas a consolidar una estrategia sectorial con orden, previsibilidad y foco productivo.
El tercer factor decisivo provino del mercado. La demanda internacional absorbió con rapidez toda la oferta disponible, en un contexto de precios históricamente favorables que empujó a la flota potera a un nivel de actividad inédito, con más de 80 unidades operando por primera vez. A ese despliegue se agregó, además, el esfuerzo privado de los segmentos fresquero y congelador, que completó una configuración excepcional en términos de volumen, ritmo extractivo y capacidad de respuesta comercial.
Pero en el centro real de esta marca aparece un protagonista decisivo, la mano de obra capacitada del personal embarcado y portuaria. Sobre cubierta, en planta de proceso y dentro de bodegas sometidas a temperaturas de varias decenas bajo cero grado centígrado, miles de tareas minuciosas sostienen en silencio la dimensión material de cada marea. Seleccionar pieza por pieza, procesar sin interrupción, abastecer al máximo los túneles de congelado y ordenar cada tonelada descargada exige una combinación de resistencia física, disciplina operativa y saber práctico sin la cual ningún récord sería posible. A esa cadena se integra también el personal de descarga y alistamiento en puerto, que en cada terminal aporta velocidad, precisión y compromiso para reducir al mínimo la permanencia de los buques en muelle y devolverlos cuanto antes a la dinámica productiva.

La combinación de esas variables dio forma a un resultado singular, ciencia, administración, mercado y trabajo actuaron en la misma dirección. De allí emerge este récord, que vuelve a colocar al caladero argentino entre los espacios de mayor abundancia del planeta y lo reafirma como uno de los grandes núcleos estratégicos de la pesca mundial.