Flotas de países que explotan el calamar argentino en el Atlántico Sudoccidental promueven una discusión sobre sostenibilidad sin la Argentina y con participación de la administración de Malvinas. El antecedente del cierre anticipado de la pesquería argentina en abril de este año obliga a preguntar qué hicieron para proteger el recurso ante la advertencia de nuestro país.

El IV Taller Científico Internacional sobre Illex argentinus se celebró en Vigo del 30 de septiembre al 2 de octubre, impulsado y financiado por la organización española de Productores de Buques Congeladores de Merlúcidos, Cefalópodos y Especies Varias (OPPC3), con apoyo facilitador de Sustainable Fisheries Partnership. Su convocatoria incluyó científicos de China, Corea del Sur, España, Brasil y Uruguay, además de participantes de Malvinas. Los promotores anunciaron la construcción de una base de datos regional y mejores evaluaciones del recurso como un paso más hacia una gestión basada en el conocimiento.
Este medio informó que Argentina no participó por su rechazo a reconocer atribuciones sobre el recurso al pretendido gobierno de las Islas. También señaló que hasta el presente no se habían identificado medidas de manejo derivadas de estas reuniones que dieran continuidad a las disposiciones argentinas de conservación.
La cooperación científica puede aportar información valiosa. Pero quienes promueven este proceso tienen una responsabilidad que no se agota en financiar talleres. Si las flotas de China, Corea del Sur, España y otros países quieren asumir un papel en la conservación, deben demostrar que están dispuestas a limitar sus capturas cuando el estado del recurso lo requiere. De lo contrario, la sostenibilidad corre el riesgo de convertirse solo en una fachada de conveniencia.
La advertencia argentina ya existía
El antecedente es concreto. El 1 de mayo, Revista Puerto informó sobre el cierre de la temporada y la comunicación a los países con buques operando en la milla 201. El Acta 11/2026 del Consejo Federal Pesquero permite precisar lo ocurrido: la pesca de calamar quedó cerrada en toda la Zona Económica Exclusiva argentina desde el 22 de abril, siguiendo la recomendación del INIDEP.
La decisión respondió a bajos rendimientos en el área norte, reducidas densidades observadas preliminarmente en campañas y bajos reclutamientos de los stocks Bonaerense Norpatagónico y Sudpatagónico. El acta también dejó constancia del inicio de la comunicación diplomática a las embajadas de los países cuyos buques operaban en el área adyacente, y del criterio de sugerirles medidas de cuidado del recurso.
Este registro acredita que Argentina actuó y puso en marcha la advertencia internacional. Todas las embajadas de los países cuyas flotas operan más allá de la milla 200 la recibieron, pero no hubo respuestas de los principales involucrados. Tampoco se produjeron cierres coordinados o restricciones equivalentes adoptadas por esas flotas como respuesta a aquella alerta.
La pregunta que deberían responder los promotores de la reunión de Calamar de Vigo es sencilla: ¿qué medidas concretas tomaron ante ese diagnóstico? Si las hubo, corresponde publicarlas, con fechas, alcance y resultados. Si no las hubo, la preocupación actual por la sostenibilidad necesita una explicación. Quién pide más conocimiento debe mostrar también qué hace con la información que ya tiene.
El escape de reproductores debe protegerse donde se pesca
El manejo del calamar busca preservar anualmente suficientes ejemplares para asegurar el éxito reproductivo. Ese escape de reproductores es una referencia biológica para decidir cuánto se puede extraer y cuándo conviene detener la pesca. El INIDEP cuenta con una amplia trayectoria de evaluación y seguimiento de las distintas poblaciones de calamar durante cada temporada de pesca, orientada a proteger esa fracción reproductora.
Las decisiones deben considerar cada stock y su situación particular. Una baja abundancia no permite atribuir automáticamente el problema a la sobrepesca. Pero los bajos reclutamientos, los reducidos rendimientos y las bajas densidades observadas del Stock Sudpatagónico y Bonaerense Norpatagónico de calamar detectado en las campañas de investigación que realizó el INIDEP este año justificaron la decisión de detener la pesca. La incertidumbre sobre las causas no elimina la necesidad de proteger a los reproductores; por el contrario, la refuerza.
Cuando una población es poco abundante, seguir extrayendo ejemplares agrega mortalidad por pesca y puede comprometer aún más la fracción que llegará a reproducirse. Esperar a despejar toda incertidumbre para limitar las capturas equivale a dejar la protección para después, y en el calamar, dado que es un recurso anual, esa situación es extremadamente peligrosa.
Un cierre dentro de la ZEEA pierde eficacia si continúan las capturas sobre el mismo recurso fuera de ella, cuando el calamar migra hacia mayores profundidades para reproducirse. La flota argentina asume el costo inmediato de detenerse; si otras flotas mantienen su esfuerzo sobre esos ejemplares, reducen el número de reproductores que la medida de cierre argentina buscaba preservar y pueden comprometer el reclutamiento de la temporada siguiente. Esa asimetría exige una respuesta verificable de los Estados responsables de los buques que operan en el área adyacente a nuestra Zona Económica Exclusiva, así como de aquellos ilícitamente licenciados por el Reino Unido de Gran Bretaña para operar alrededor de las Islas Malvinas.
Malvinas y la responsabilidad de los participantes regionales
La presencia de la administración británica de Malvinas tampoco es un detalle organizativo. Argentina considera ilegítimo al pretendido gobierno isleño y rechaza sus atribuciones sobre los recursos pesqueros que habitan sobre su plataforma. Naciones Unidas reconoce una disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido y promueve su solución mediante negociaciones entre ambos Estados. Ese marco no convierte a la administración isleña en un tercer Estado soberano.
Los organizadores de la reunión de calamar de Vigo sostienen que su iniciativa respeta las competencias estatales. Aun así, incluir a participantes de esa administración mientras Argentina queda fuera puede contribuir a normalizar su intervención como autoridad pesquera regional. El carácter científico del encuentro no elimina ese efecto político.
En ese contexto resulta especialmente cuestionable la participación de científicos de Brasil y Uruguay. Ambos países reafirmaron, en la declaración del MERCOSUR del 30 de junio de 2026, su respaldo a los legítimos derechos argentinos en la disputa. El mismo documento cuestionó las medidas unilaterales de explotación de recursos en el área controvertida.
La sola nacionalidad de un investigador científico, aun siendo funcionario público, no permite concluir estrictamente que actúe por mandato de su gobierno. Precisamente por eso, corresponde aclarar en qué carácter concurrieron, a qué instituciones representaron, qué resguardos adoptaron respecto de Malvinas y si sus respectivos Gobiernos los autorizaron expresamente. Esa información es necesaria para evaluar la congruencia entre la participación científica y el compromiso diplomático de sus países.
Sin esos resguardos, los participantes regionales corren el riesgo de convertirse en acompañantes funcionales de una estrategia que favorece la posición británica. Participar por el solo valor de estar presente puede terminar dando respaldo a un esquema incompatible con la posición que sus países oficialmente sostienen.
La credibilidad se demuestra con medidas
Una cooperación creíble debería comenzar por transparentar capturas y esfuerzo, publicar los métodos y resultados de las evaluaciones y acordar respuestas oportunas frente a señales de riesgo. Los Estados de pabellón deben traducir esas respuestas en restricciones para sus buques, con mecanismos que permitan comprobar su cumplimiento.
Argentina debe participar de este tipo de encuentros solo en condiciones compatibles con su posición sobre Malvinas y con el conocimiento que aporta al manejo del recurso. Pretender construir una solución regional eludiendo esas condiciones compromete la utilidad del proceso desde su origen.
Quienes aspiran a erigirse en salvadores del calamar Illex tienen una oportunidad concreta de demostrarlo: explicar qué hicieron ante la advertencia de abril y comprometerse a actuar frente a la próxima. La conservación se vuelve creíble cuando quienes capturan el calamar aceptan dejar de hacerlo a tiempo, cuando su sostenibilidad se ve comprometida.